viernes, 6 de abril de 2012

La lechuza de Minerva


La Lechuza de Minerva


































Presentación

       No resulta complicado imaginar por qué este animal, la lechuza (clasificación científica: Tyto alba), produce cierta fascinación en la gente, y mucho más, dado que es objeto de estudio filosófico, en los sabios: ave nocturna, serena y observadora, cuyos atributos intelectuales vienen heredados de las cualidades asociadas a Atenea (griegos), Mnerva (etruscos), Minerva (romanos), Neit y Bastet (egipcios), Lilith (mesopotamia), todas ellas diosas de la sabiduría, la estrategia y la guerra justa, la mayoría nacidas de la cabeza de sus dioses padres. [Hefesto, dios del fuego -Vulcano en la mitología romana- abrió la cabeza de Zeus -idem Júpiter- con su hacha minoica de doble hoja, el labrys, y Atenea (Minerva latina) saltó de la cabeza completamente adulta, ya equipada con las respectivas armas de guerra adornando el escultural y vaporoso cuerpo de diosa, su potencial intelectual y guerrero y el numen de un poder misterioso y fascinador.]
Los hombres mantienen con las lechuzas, infinidad de veces travestida en búho, distintas formas de religación. Incluso se ha dado el caso de autores que han mantenido relaciones numinosas con lechuzas. Hablan y escriben sobre ellas, les atribuyen vicios y virtudes, las toman como ejemplo e incluso las convierten en arquetipo y modelo. Hasta las dibujan y transforman en símbolo, marca o estandarte, bajo cuya imagen buscan amparo. Por sus cualidades físicas, no es de extrañar que hoy empresas multinacionales utilicen la figura de las lechuzas como logo.
Pero las lechuzas siempre ignorarán aquello que los hombres fabulan, elucubran y les atribuyen. Los intelectuales, sabios, filósofos, creadores de ficción y otros muchos letrados y artistas en general, desde tiempos inmemoriales elaboran escritos, pinturas o esculturas para abanderarse con ellas. Tan profundamente ha calado la imagen del rapaz en estos eruditos que sus ojos observadores no dejan de ver  la representación del ave carroñera en todas partes.
Para el reducido grupo de los abogados, por ejemplo, la lechuza representa a la sabiduría en el reino animal, es un ave que vela estudiando y analizando su entorno; por eso los Anillos de Graduación de la Carrera de Derecho pueden llevar su dibujo significando toda la sabiduría milenaria. En efecto, la lechuza es la imagen representativa de un abogado litigador, del juez y de las facultades de derecho. ¿Por qué? Porque la grandeza de sus ojos, la mirada fija con la que parece inquirirlo todo, los movimientos giratorios de cabeza, despaciosos cautelosos y casi maquinales, les recuerda a un sabio. De su cabeza rematada en picos de plumas, se toman por símbolo la cautela y la discreción, cuando no la prudencia y la sabiduría.
Pero hay mucho más, lo que puede resultar aún más antojadizo de acuerdo a la búsqueda de símbolos de cada estudioso. También se puede asociar los mitos históricos de la lechuza a los imperios que de algún modo han ejercido el poder de domino del mundo. El resultado de esa búsqueda es que la imagen del búho (lechuza), en cualquiera de sus variantes simbólicas, siempre está posado donde se encuentra el liderazgo mundial, en el territorio de la potencia dominante del planeta. Hoy está sobre el Capitolio de Washington, pero los expertos creen que ya está levantando el vuelo y que pronto se instalará en la plaza de Tian'an Men, en Beijing, cuando China se convierta en el país más poderoso del mundo. Los expertos saben que el Búho de Minerva (que en realidad es una lechuza) se mueve como el sol, siempre desde Oriente hacia Occidente. Hace milenios estuvo ya en China, cuando las viejas dinastías dominaron el mundo, pero más tarde se desplazó hasta Oriente Medio y se posó en Egipto, Media y Persia. Después se posó sobre Grecia, sobrevolando Atenas, Esparta y Macedonia. De allí pasó a Roma, siempre siguiendo el rumbo del sol, y se mantuvo en la capital del Lacio durante más de siete siglos. Cuando cayó el Imperio Romano, el búho revoleteó muy rápido por Europa, en busca de un poder estable, hasta que se posó en los imperios de Carlomagno, España, Francia e Inglaterra. En la II Guerra Mundial, luego de sobrevolar un tiempito sobre Alemania, donde holgó un tanto sorprendida sobre uno de los brazos de la svástica, confundida, sin duda, por no encontrar la rama de su olivo, el búho voló hasta Washington, donde lleva más de medio siglo reposando sobre el Capitolio, presidiendo la hegemonía mundial y contemplando desde lejos la Casa Blanca.
       También se puede observar la figura de la lechuza en sociedades místicas y secretas, en los amuletos de los amantes del esoterismo y la magia, oculta en los billetes de un dólar, transparente en la diagramación arquitectónica del Capitolio (desde cierta altura se puede ver claramente la silueta de la lechuza dando forma a la estructura), y entre muchas más, como símbolo de la sabiduría, es decir, de la Filosofía.
Esta ciencia, la madre de todas las demás, envuelve en su seno una gama de vertientes especulativas en las que, de una u otra manera, siempre está presente la figura del ave. La Historia, la Política, la Psicología y la Literatura, entre otras, son objetos de estudio en campos científicos de materia abstracta que pugnan constantemente por erigirse como tal dentro del corpus legitimado y canonizado.
La Filosofía, punto de partida de todas ellas, no está reservada solamente a filósofos consagrados. Cualquier persona está capacitada para filosofar sobre cualquier asunto; aunque se trate de temas comunes y trillados del devenir humano, son asuntos generalmente domésticos cuya reflexión plantea una versión particular de la vida. La gente común lo hace permanentemente, aunque no de forma académica como los eruditos, quienes basan su estudio en reglas de procedimiento teórico fuera del alcance de los iniciados. Pero unos y otros recapacitan sobre un hecho o acontecimiento concreto después de haberse producido. La Filosofía casera tiene la característica de especular sobre asuntos que conciernen a la persona en singular, o a su entorno más reducido. La Filosofía Académica, en cambio, es universal, se desarrolla a través de métodos científicos como el de la física y la química cuyos resultados sobrevienen luego de evaluar los fenómenos y establecer leyes y teorías que encierren una pretensión realista de modelo a seguir.
La expresión latina, "Primum vivere, deinde philosophari" significa: Primero vivir, después filosofar. De este modo, la filosofía es vista, por los filósofos de todos los tiempos, como reflexión sobre la realidad vivida, como actividad que se realiza después de adentrarse en los hechos. Ahora bien, el filósofo realiza su trabajo de acuerdo a su punto de vista, de acuerdo a cómo entiende los hechos y de acuerdo a cómo utiliza los símbolos de su cultura. Poco podemos añadir sobre este asunto, sólo que comprender lo que es, ésa es la tarea de la filosofía.
Añadiremos ahora lo más importante para nosotros. El filósofo, cuando no sigue las reglas académicas de esa materia, se convierte en creador de ficciones. Cuando anticipa lo que va a acontecer en el mundo, deja de ser filósofo para convertirse en cuentista. ¿Por qué? Porque sería insensato para el filósofo creer que su trabajo puede anticiparse al mundo presente. Cuanto quiera explicar con la palabra acerca de lo que ha de ser el mundo, siempre llegará demasiado tarde.
Pensar sobre el mundo surge en el tiempo, después de que la realidad ha cumplido su proceso de formación y se halla realizada. Ésa es tarea del filósofo. El cuentista, en cambio, tomemos el caso del sofista Asimov, inventa un mundo posible sobre el que después se puede filosofar. Lo que nos cuenta no ha ocurrido, y quizás nunca ocurrirá, pero aporta datos imaginarios, que es la materia prima del filósofo, sobre la que podrá especular a su antojo para comprender la conducta del hombre. De este modo, el filósofo puede explicar una teoría a través de un mito, que es un relato de ficción elaborado por la imaginación. El mito de la caverna,  por ejemplo, es una explicación alegórica, realizada por Platón en el VII libro de La República, de la situación en que se encuentra el ser humano respecto del conocimiento. A través de una ficción el filósofo explica su teoría de la existencia de dos mundos: el mundo sensible (conocido a través de los sentidos) y el mundo de las ideas (solo alcanzable mediante la razón). Este tipo de alegoría, en la que Platón pone de manifiesto cómo los humanos podemos engañarnos a nosotros mismos o forzados por poderes fácticos, es repetida durante la historia por muchos filósofos u otros autores, como el libro Un mundo feliz (Huxley, 1932) o la película Matrix (especialmente la primera). El mito, haciendo uso de imágenes dotadas de una gran fuerza descriptiva, muestra pluralidad de aspectos del pensamiento de Platón: la visión de la naturaleza humana, la teoría de las ideas, el doloroso proceso mediante el cual los humanos llegamos al conocimiento, etc. Lleno de sublimes metáforas y abierto a pluralidad de interpretaciones, es fuente permanente de inspiración para los artistas y para los pensadores en general.
Que los mitos sean símbolos estándar para algunos filósofos es una asimilación lógica y natural, como lo es, para el escritor, la ficción como realidad de un mundo posible. Ni uno ni otro, sin embargo, escriben para convencer al público, aunque muchos de ambos terminen convenciendo al lector de que hay mucho de imaginación en la verdad, y algo de verdad en la imaginación.
La Lechuza de Minerva, mito de la cosmovisión politeísta griega y romana,  inicia su vuelo al caer el crepúsculo, cuando ya se ha vivido el día. Según Hegel, que hace su propia alegoría de este vuelo, la lechuza parte del hombro de Minerva para recoger la información de los hechos una vez que éstos han sucedido en ese breve período de tiempo. Pero la lechuza no es el más sincero de los animales rapaces, y como la diosa, dada su naturaleza guerrera, tampoco es la más paciente del Olimpo, su avidez por repartir premios y castigos hace que muchas veces su escudero mienta sobre el comportamiento de los hombres.
Así, el romántico Hegel expresa ese mundo en conceptos, toma el mito para explicar que el pensamiento originario del hombre, cuando la ciencia todavía no había nacido, fue el que impulsó la dinámica de avanzar por la historia imponiendo un proceso de continuo autodesarrollo. ¿Como aplica Hegel el mito de la Lechuza de Minerva en nuestra historia? A través de la dialéctica, que por sí misma constituye un método de pensamiento gobernado por un determinismo, o destino, signado por Dios.
El método dialéctico se basa en que el movimiento, proceso o progreso, es el resultado del conflicto entre opuestos. De forma tradicional, esta dimensión del pensamiento hegeliano se ha analizado en términos de tesis, antítesis y síntesis. La tesis puede ser una idea o un movimiento histórico. Tal idea o movimiento presenta carencias que dan lugar a una oposición o antítesis, que genera una conflictividad interna. Como resultado de este conflicto aparece un tercer punto de vista, una síntesis que supera el conflicto conciliando en un plano superior la verdad contenida en la tesis y la antítesis. Esta síntesis se convierte en una nueva tesis que genera otra antítesis, dando lugar a una nueva síntesis, conformándose así el proceso de desarrollo intelectual o histórico trazado por los dioses.
El hombre, sin embargo, contra lo previsto por la deidad, descree cada vez más de lo divino, adapta a su pensamiento una fe ciega en la razón, separa la lógica de lo sagrado e intenta constituirse como el único ser inteligente del universo. La divinidad, por su lado, ha determinado las causas y efectos de la historia universal, y vela para que ese proyecto se desarrolle en todos sus detalles, sin importar el protagonismo de héroes y malvados. Si Napoleón no hubiera nacido, por ejemplo, la divinidad hubiera provisto un reemplazante para realizar las mismas campañas militares. Si Hitler hubiera muerto en el frente de la Gran Guerra, antes de iniciar su proyecto devastador, otro de su misma calaña, llamado Juan o Pedro, hubiera provocado el holocausto en la Segunda Guerra Mundial.
De esta forma, las causas y efectos de la historia forman parte del plan criminal trazado por los dioses, y la lechuza de Minerva es la encargada de velar su cumplimiento.


















1


Bastet, asqueado, habló por encima de sus hombros.
-Tiene vírgulas de grasa en la superficie- dijo, rechazando el tarro con la bebida hasta el borde.
El custodio acababa de tirar la caja de zapatos por la ventanilla y se disponía a desenvolver el segundo paquete de papel grasiento.  
- Si es tan delicado, mejor será que espere la próxima parada. Por ahora es lo único que hay, si verdaderamente tiene sed, haga de tripa corazón y bébalo sin remilgos.
-¿Es todo lo que tiene para ofrecerme?, ¿sándwiches de milanesas aceitosas como el papel que acaba de tirar?
El rostro del hombre enrojeció de vergüenza.
-Es todo lo que puedo ofrecer.
-Podríamos trasladarnos al vagón comedor, sentarnos en una mesa y probar comida caliente.
-No puede ser. Este vagón está sellado, desvinculado del resto del convoy.
-No le creo, voy a probar a abrir esa puerta.
-¡Quédese donde está!- gritó el guardia, tirándolo violentamente del brazo.
La bebida se volcó del latón de durazno al natural, empapando de líquido púrpura el traje de Bastet. 
-¿Qué hace, infeliz? Me ha manchado el pantalón- gritó Bastet, enceguecido de odio.
-¿Vio? Eso le pasa por desobediente. Hágame caso, quédese quieto y no moleste más.
Bastet lo miró de soslayo mientras secaba la prenda con un pañuelo.
-Podría conseguir algunas mantas- dijo después-, los empleados  del ferrocarril no se las negarán.
El guardia, inmutable, siguió masticando la vianda sin prestarle atención.
-¡Oiga!, ¿no siente el frío en sus huesos?
-Quédese quieto, no se mueva más, ¡por favor!- respondió, desafiante, el militar.
-Hace más de quince horas partimos de La Capital. ¡Es un récord! Nos hemos movido del asiento un par de veces, para ir al baño.  
-Una hora más y llegamos a El Interior, allí podrá descansar del trajín.
-¡Una hora más! ¡Qué consuelo! Mientras tanto, sigo con el trasero entumecido por tanto golpeteo.
El guardia hizo una seña a su compañero sentado al lado de la ventanilla, el otro integrante de la custodia. 
-Usted dirá, Oficial- respondió el mastodonte.
-Hágame el favor, baje mi bolsón del equipaje- ordenó- Saque el toallón y alcánceselo a nuestro acompañante.
-Algo es algo- dijo Bastet, tiritando en medio de los dos gigantes.
Los efectivos se miraron, risueñamente confabulados. Hasta ese momento habían viajado todo el tiempo mirando la oscuridad por entremedio del vidrio vaporoso, en silencio, como si no les importaran las contrariedades. Ahora se reían de las urgencias de Bastet. Mientras él sufría las contingencias de la marcha haciendo malabares con las piernas, la cintura y la espalda, aterido por el frío, el hambre y el silencio, sus compañeros de viaje se comportaban como dos perfectos idiotas,  impasibles ante los trastornos del viaje, y apenas susceptibles a las necesidades básicas de cualquier ser normal; cuando el frío comenzó a calarle los huesos, reconocieron no haber traído abrigo para cubrirse del frío glacial que se colaba por las hendijas de las ventanillas, y se negaron rotundamente a pedir mantas a los funcionarios del ferrocarril. Además, lo trataban como a un niño desobediente, se habían pegado a sus hombros sin permitirle moverse con libertad, sin despegarse de su lado, siguiendo sus pasos a cada instante, hasta en sus corridas al excusado.
Sin dudas para él, los comisionados resultaban ser del mismo palo del asiento, de quebracho puro.
-¿Come o no come el sándwich?- preguntó el guardia de la ventanilla, lamiendo la saliva en la comisura  de sus labios. 
-Es suyo, si quiere- respondió el oficial, al sentir la vacilación del subordinado. Luego se levantó para dirigirse al baño.  
-¡Vamos, cómalo hombre!, no tenga vergüenza- ordenó Bastet- Ya me  saciaré cuando lleguemos a la próxima parada.
-Ni sueñe con eso- dijo el guardia dando el primer mordisco al emparedado- Mi jefe le estuvo mintiendo todo el camino. De este vagón no sale nadie hasta llegar a El Interior.
-¡Cómo que no!. Yo también debo recibir mi porción de alimento.
-¿De verdad tiene apetito?- respondió el custodio- Tome entonces, cómase el suyo- ofreció, acercando el resto del sándwich a la boca de Bastet.
-¡Déjese de joder!. No comeré esa bazofia, bajaré del tren, quieran o no quieran ustedes.   
-¡Es imposible, amigo, el vagón está sellado! Convénzase de una vez por todas - le sugirió el uniformado- Deje de comportarse como un estúpido.  
Fue la primera vez que Bastet intentó rebelarse. En el preciso instante en que el escolta le escupía en la cara restos del alimento, lo tomó del brazo con fuerza para obligarlo a levantarse.
-¡Dígame, milico de mierda!, ¡ustedes  me están tomando el pelo!- gritó, sintiendo la furia subírsele a la cabeza.
Con unas ganas irrefrenables de golpearlo sin piedad, movió el brazo derecho y lanzó una trompada al rostro del guardia.
-¡Vamos, amigo! ¡Quédese quieto!- ordenó el custodio, esquivando el golpe.
Inmediatamente desenvainó la cachiporra de la cintura y la estrelló contra la cabeza de Bastet.
El ruido sordo atrajo la mirada del resto de los pasajeros. Bastet, desvanecido por el golpe, cayó de bruces a lo largo del pasillo.
-¡Ustedes dos!- ordenó a los pasajeros más próximos- levántenlo y siéntenlo aquí.´
Los hombres, unidos ambos por una cadena engrillada a los pies, asieron a Bastet de los brazos  y lo trasladaron al lugar  indicado por el guardia.
  











   
2


Bastet despertó en su asiento dos horas después, cuando el convoy atravesaba en cejo los arrabales de El Interior con rumbo a  la estación del ferrocarril.  
El tren llegaría a destino quince minutos después. Bastet, todavía adormecido por el golpe, permanecía somnoliento en medio de sus guardianes. A cada movimiento brusco del tren, el garrote de su vecino lo hincaba con fuerza en un costado del cuerpo.
- Esto no va a quedar así- dijo, dirigiendo una mirada de odio al guardia que lo había lesionado con la cachiporra.
- Usted sabrá qué hacer. Cuando hable con Recalde podrá elaborar una queja- dijo el otro escolta. 
- ¡Claro que lo haré! Y no crea que lo desligaré del asunto.
- No voy  a eludir mis responsabilidades- respondió el oficial, esbozando una sonrisa sarcástica.  
- Me han hecho pasar sed, hambre y frío, motivos suficientes para elevar una queja por maltratos.
- Se olvida de algo. También hemos ejercido la fuerza sobre su cuerpo.
- Si, me han tratado injustamente, como a un reo.
-Bueno-dijo el guardia- usted intentó rebelarse y nosotros le mostramos sin rodeos cuál es el castigo para esos casos.
- ¿Pero, ha pensado aunque sea una vez en mi condición y rango? Yo pertenezco al cuerpo jerárquico del Departamento de Guerra y Seguridad. Los bastones de goma y las cachiporras son para los convictos no para un abogado de la Organización.
- Usted no es militar. Cuando salimos de La Capital se le dio a conocer las normas de convivencia dentro del convoy; usted intentó quebrantarlas a todas. Eso merece un castigo ¿no?
- Mire, hemos viajado embutidos dentro de una lata de sardinas, a cien kilómetros por hora y sin calefacción, en un clima tan frío como el de un refrigerador. No dejé de tiritar en todo el viaje, acosado por el clima gélido, el hambre y la sed, ¿y usted me habla de reglas?
- En eso basamos la vida los militares, en la disciplina.
- ¿Me hace un favor, oficial?
- Lo que pueda.
- Váyase al diablo.
Bastet permaneció callado el resto del trayecto hacia la Estación. Después de un viaje tan incómodo llegaría muy cansado a ese Reducto Oficial de la Organización, con el cuerpo molido y la mente herida. No obstante, aún debía hacer el último trámite: elevar la queja por maltrato.
Embutido como un pescado en esa lata de conservas,  atornillado a la base de madera, entre medio de sus compañeros de viaje, comenzó a redactar mentalmente una queja formal a sus superiores. Si lo habían metido en ese recipiente congelado, a  manos de un par de insolentes milicos subalternos, sin calefacción y en medio de una decena de pasajeros que parecían reos peligrosos, tan abandonados y sucios como pueden estar aquellos en el presidio, y sin un lugar donde servirse comida caliente, alguien debió tener la mala intención de hacerle pasar un calvario.
Ese alguien, pensaba, sería uno de sus colegas, alguno de los tantos que competían con él por el liderazgo de los Procesos. Alguien con influencias, del Departamento Administrativo, conspirando junto a algún miembro de la cúpula para confundir las directivas de sus Protectores. Sabía muy bien cómo se justificarían después, alegando una equivocación en la redacción de los formularios confeccionados por oficinistas sin luces, quienes se encargan de transponer las órdenes dictadas por el jefe de la operación valiéndose de borradores redactados por agentes intermedios. Una palabra intencionalmente combinada dentro de la frase es suficiente para cambiar el sentido del texto, tergiversar la esencia de la ordenanza y terminar por envolver a cualquiera en una pesadilla.
Bastet pensaba también cómo acabaría el proceso. Seguramente sus custodios mostrarían el documento con las órdenes impartidas y justificarían por qué un funcionario de alto rango debió viajar en coche de segunda, sufrir las injustas reprensiones de sus guardianes, las incomodidades de un ambiente frío y maloliente, sed y hambre, y la desagradable compañía de dos rufianes maleducados y una docena de sospechosos de Estafa Laboral.
A pesar de todo, Bastet sabía muy bien que no habría posibilidad de desenmascarar al autor de sus pesadumbres. El trámite inverso, la denuncia que pensaba imputar ni bien llegara a El Interior, sufriría la misma confusión anterior. La querella estaría bien redactada, los pormenores de la causa puntillosamente registrados, descritos y fundados como corresponde, con el testimonio de los funcionarios del tren y algunos pasajeros, la verdad irrefutable del  autor y la firma decorosa del nuevo jefe, el Dr. Recalde, quien no se opondría a servirle de testaferro.
Desgraciadamente, el oficio no llegaría felizmente a destino. El documento sufriría las mismas peripecias que cualquier otro trámite burocrático del Sistema, pasaría de oficina en oficina, sería trastocado en algunos términos o directamente cajoneado por algún funcionario simpatizante del otro sector de la Interna.
Ése era el verdadero problema de la Organización en la actualidad, el enfrentamiento entre los miembros más destacados de 

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